Respetar la identidad femenina: una nueva concepción de la igualdad

La igualdad efectiva de la mujer con el hombre sólo será real cuando se alcance respetando la condición femenina, en la que la maternidad es un aspecto esencial. Esto implica nuevos paradigmas sobre la emancipación de la mujer.

Es preciso afrontar de forma nueva la emancipación de la mujer, de manera que no implique renunciar a la maternidad e imitar el modelo masculino para participar en igualdad de condiciones con el hombre en la vida pública, laboral y política.

El feminismo ha tenido una influencia decisiva en la configuración de la familia, la sociedad y la cultura en los dos últimos siglos de nuestra historia, con aportaciones positivas en términos de igualdad y justicia social, pero también ha promovido cambios perjudiciales para la mujer y la sociedad. La paradoja del feminismo del siglo pasado es que mientras abogaba por la liberación de la mujer, negaba la condición femenina y la maternidad. El feminismo igualitario de los setenta impulsó la imitación del modelo masculino y el aborto como paradigma de la emancipación femenina, y el actual feminismo de género ha acentuado el rechazo de lo específicamente femenino y de la maternidad.

Cabe superar ciertos paradigmas, que hoy se confirman como negativos, sobre la emancipación femenina, construidos en base a premisas hostiles a su naturaleza, asumidos por el pensamiento contemporáneo y plasmados en leyes y políticas públicas de países occidentales, que han significado un perjuicio para las mujeres y la sociedad, en especial la promoción del aborto, que ha de enjuiciarse también desde la esencia de la ética humana como un grave retroceso. La legalización del aborto y la creación de un pretendido derecho a abortar no han liberado a la mujer. Todo lo contrario. Aunque se intenta menospreciar sus efectos, la realidad muestra que la mayoría de mujeres que han abortado lo consideran el gran error de su vida, y el dolor por el hijo que no conocieron perdura siempre. La emancipación y la plena realización de la mujer no pueden edificarse sobre una práctica tan negativa: el derecho de la mujer a su sexualidad no puede implicar el derecho sobre la vida del propio hijo, lo que resulta también profundamente destructivo para la madre. Y, en toda circunstancia, la mujer embarazada ha de poder contar con el apoyo de la sociedad.

La auténtica emancipación femenina consiste en la libertad de la mujer de ser ella misma, de ser una persona realizada con su propia condición, lo que incluye la posibilidad de ser madre. Esta realidad personal debe ser apreciada y apoyada; y, así mismo, deben reconocerse los derechos propios que por su trascendencia social genera la maternidad, y garantizarlos y respetarlos en la plena integración de la mujer en la sociedad.