Un reto para el siglo XXI: la conciliación

El horizonte de realización personal sobrepasa los objetivos profesionales, pues la familia ocupa un lugar prioritario para lograr una vida plena e integrada. Sin embargo, conciliar la vida familiar y la laboral sigue siendo un gran reto, que la política y la sociedad deben afrontar ya.

Trabajo, familia, vida personal son dimensiones fundamentales, irrenunciables y complementarias del ser humano. La mayoría de las mujeres - y también un creciente número de hombres - desean compaginar su vida personal y familiar con la profesional, pero encuentran enormes dificultades. Para la mujer, avanzar profesionalmente supone a menudo renunciar a la maternidad, posponerla o tener menos hijos de los que quisiera; y dar prioridad a la familia puede ser causa de la pérdida del empleo y de una discriminación ante la promoción. Los horarios y la falta de flexibilidad de las empresas lo complican aún más.

La dificultad de conciliar vida laboral y familia tiene graves consecuencias. Contribuye a debilitar las relaciones familiares, favorece las rupturas y es una de las principales causas de la caída de la natalidad en los países europeos, que hoy se enfrentan a un futuro incierto. Los poderes públicos deben apoyar la maternidad y favorecer que las empresas faciliten la conciliación de sus empleados. La política y la sociedad deben responder a las cuestiones prácticas para compaginar la maternidad y una actividad retribuida, lograr que la labor de la madre sea reconocida, superar las discriminaciones de tipo laboral, cultural y las derivadas de las estructuras sociales, mejorar las responsabilidades del padre y apoyar el cuidado de menores y dependientes.

Afrontamos hoy en el contexto europeo una etapa histórica de necesarias reformas estructurales que afectan a la economía y al conjunto de la sociedad. Es un momento apropiado para sumar a ellas una reforma que contemple una organización social y medidas que faciliten la conciliación. Entre las medidas efectivas que cabe impulsar, se encuentran: el cambio en los horarios laborales hacia horarios más racionales, flexibles y eficientes (jornada reducida, jornada flexible, jornada intensiva,...); la creación de guarderías en los centros de trabajo; el desarrollo de nuevas formas de organización del espacio de trabajo - como el teletrabajo, videoconferencias, calls,... - modalidades de empleo que favorecen especialmente la conciliación.

La conciliación es una cuestión clave para la realización personal de los dos sexos y para lograr la igualdad efectiva de la mujer; y así mismo, tiene también un efecto positivo en los resultados de las empresas, pues mejora la motivación de los empleados y el ambiente general de trabajo. Para el nuevo feminismo, la conciliación es el objetivo fundamental de su programa de reformas, como lo fue en el feminismo de los setenta la paridad funcional.