Personas con Síndrome de Down: entre la inclusión y el genocidio oculto

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La Asamblea General de la ONU (2011) designó el 21 de marzo ‘Día Mundial del Síndrome de Down’. El objetivo principal de la celebración es crear una conciencia dentro de la sociedad del valor que tienen estas personas, pese a su discapacidad intelectual, y así mismo, revindicar sus derechos e independencia para la toma de sus propias decisiones y crecimiento personal, y sus aportaciones a la sociedad.

El síndrome se descubrió en el año 1959 como una alteración genética en cromosomas, por el médico y genetista católico Jérôme Lejeune, también escritor y activista del derecho a la vida. Lo normal es que las personas al nacer tengan 46, pero en el caso de los recién nacidos con Down, este número es mayor, existe un cromosoma extra – tres en lugar de dos – en el par cromosómico núm. 21. Por ello el ´síndrome de Down se llama también ‘Trisomía 21’, y de ahí la elección del día para su celebración mundial, el 21 de marzo, tercer mes del año, que la simboliza. La consecuencia del síndrome de Down es un desarrollo incompleto a nivel cerebral, que provoca discapacidad intelectual y algunos trastornos físicos, que afectan al sistema digestivo y también causa daños en el corazón. Se estima que uno de cada 700 bebés nace con este síndrome, sólo en Europa, en 2015, vivían 417.000 personas.

El lema elegido para el ‘Día Mundial del Síndrome de Down 2022’ es, según la  Asociación Internacional del Síndrome de Down«Inclusión significa…». El término «inclusión», forma parte actualmente como es sabido del lenguaje político, pero también la  Convención de la ONU sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad (2006), se refiere a menudo a la inclusión y recuerda que hay que seguir avanzando en su participación plena y efectiva en la sociedad.

Sin embargo, hablar de “inclusión” para las personas con Síndrome de Down resulta hoy un contrasentido y un escarnio, cuando se lleva a cabo desde hace años una selección eugenésica, que significa un auténtico genocidio de los niños en la etapa prenatal afectados por el síndrome.

En el artículo Estimation of the number of people with Down syndrome in Europe’, publicado en el European Journal of Human Genetics (2021), se analizaba (quinquenio 2011-2015), el número de niños nacidos con síndrome de Down con respecto a los abortados por ser portadores del síndrome, diagnóstico que se realiza mediante cribado prenatal y que significa una sentencia de muerte para miles de criaturas. El estudio estimaba la prevalencia de nacidos vivos no selectivos, la prevalencia real de nacidos vivos, el porcentaje de reducción debido a interrupciones selectivas y la prevalencia de síndrome de Down en la población en países europeos. Los resultados muestran que sin el aborto selectivo, Europa habría tenido en el periodo estudiado 17.331 nacimientos anuales con síndrome de Down, pero en realidad hubo 8.030 nacimientos; la reducción media fue del 54 %, variando entre el 0 % en Malta y el 83 % en España, que se sitúa lamentablemente en primer lugar en los abortos de estos niños.

La selección eugenésica se hace, ejerciendo sobre los padres una fuerte presión psicológica sobre el futuro que espera a esos hijos. Y sin embargo, se ha demostrado que hoy las personas con Down pueden asistir a la escuela, vivir de forma independiente y ejercer una actividad laboral.

Hay que valorar positivamente que se reconozcan los derechos de las personas con Down y su inclusión social, pero hay que recordar que sólo pueden disfrutarlos aquellas que han logrado sobrevivir al aborto. Es una hipocresía defender sus derechos una vez nacidos cuando se acepta mayoritariamente que se les niegue el más elemental, que es el derecho a nacer.

Por ello, y en la celebración del Día Mundial del Síndrome de Down, resulta primordial reivindicar el derecho a la vida de los niños afectados por el síndrome y amenazados por el aborto selectivo. El derecho a nacer de todo niño concebido debe ser reconocido y protegido jurídicamente y ser respetado socialmente.

En un urgente objetivo de regeneración moral y cultural de Europa y en general de Occidente, en caída libre en la autodestrucción de su civilización, es un reto central el restablecer el reconocimiento del derecho a la vida desde su inicio. Hay que hacer resurgir en las sociedades occidentales caídas en el error del “derecho a decidir” de la mujer sobre la vida del ser concebido, una conciencia de respeto al derecho a la vida y establecer la debida protección de todo niño por nacer.